¿Qué pasa a chavales, cómo va todo? Hoy seguimos con las entradas referentes a la sierra de Villares, de la cual ya esta es la última.
El pasado finde, aprovechando la ausencia casi en su totalidad de tareas escolares, (mi gozo en un pozo porque seguía de exámenes), decidimos volver a pasear por la sierra de villares, pero esta vez con una novedad, nos hicimos una nueva ruta que ahora hos vamos a enseñar.
A pesar de todas las veces en un mismo año que solemos venir por aquí, aún quedan sorpresas.
Eran como las ocho cuando llegamos, día frío y con niebla, y caía algo de llovizna fina, vamos un día de esos en los que apetece quedarse en la estufa, pero nosotros masocas perdidos Nos fuimos de todas formas, lo importante era salirse ya por ahí. Nos revivió cantando y tocando el tronco de un árbol un Pito real, que ya han entrado el celo.
El canto del pito real es un silbido claro y profundo que se parece muchos una risa, y es fácil de imitar, por ello vuestro anfitrión no escatimó gastos y comenzó a hacer un poco la parodia de lo que sería su canto, por extraño que parezca respondía y todo.
El día está a lleno de aves, en especial Carboneros, muy agresivos por el celo, y pinzones tanto hembras como machos, también alborotados.
Seguimos caminando, con el mismo rumbo de siempre, llegar al deseado riachuelo que está a rebosar de agua gracias a las últimas lluvias, el cual ya mostré en la entrada anterior, y ahora incluso tiene más renacuajos todavía.
Hay tantas filtraciones debido al nivel de los depósitos subterráneos que el suelo está muy resbaladizo, por ello tropezamos más de una vez.
Estado del riachuelo
Llegamos así al tanatorio deseado nuevo sendero que sale antes de la entrada al ríachuelos, da a un cortafuegos y a un desfiladero precioso desde donde se aprecia toda la sierra a detalle y a lo lejos la zona urbana de Córdoba.
No tardaron en hacerse notar las primeras especies, un bando de Buitres leonados sobrevolaban el dosel forestal de encinas y pinos, marcando el paisaje, ahora más soleado, con sus bellas y robustas siluetas.
Eran un bando de unos seis, que se encontraban en círculos y a baja altura, donde probablemente encontraron algo que llevarse a la boca, pero pequeño porque un rato después los teníamos encima otra vez.
Imagen de uno de ellos sobrevolando los pinares
Buitre leonado, 100% español jiji
¿Que sería lo que encontraron?
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Luego salimos a una parte desconocida con una gran construcción humana de uso desconocido para nosotros. Ya en sombra, seguimos por la zona caminando entre más pinos hasta llegar otra vez al campo de golf, donde se encuentra el final del sendero para pasar otra vez dentro del parque periurbano.
Al llegar a la altura de la carretera volvió el bando de buitres anterior, volando cerca de los caminos. A este grupo rápidamente se le sumó un pequeño grupo de rabilargos que andaban por el suelo esperando a ver dónde se lanzaban, y otro buitre significativamente más grande, volando solo y muy alto, ya sabéis lo que significa.
Sip, este de arriba se trataba de un buitre negro, un placer verlo por aquí después de casi un año sin ver ninguno.
Y para acabar le sacamos esta foto a un pequeñín, un herrerillo que también llevaba tiempo sin ver. Posteriormente regresamos hasta los aparcamientos, y de ahí a almorzar.
Un saludo camperos y nos vemos en una próxima entrada.
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