lunes, 29 de junio de 2026

La muerte

 Aviso: entrada reflexiva, triste y un tanto (muy) pesimista y mística. Esta es una reflexión de una opinión, siéntete libre de leerla o no si sientes que el tema no es muy agradable.

Ayer la muerte estuvo en mi casa, y vino a llevarse a uno de los míos.

Los antiguos filósofos estoicos decían que la muerte está presente cuando la vida ya no está presente, es decir cuando nosotros (nuestra consciencia) ya no sé encuentra en nuestro cuerpo.

Y es que aunque no lo creáis la muerte en realidad no es un proceso ni malo ni bueno, es una forma de supervivencia para la especie. Estamos hechos de billones de cositas pequeñas llamadas células, que son las unidades básicas para que algo pueda considerarse vivo. Todo lo que está vivo está hecho de células, que a su vez, también están vivas. Y es que resulta curioso pensar que nuestro "yo" no solo es eso, sino que ese "yo" requiere de estar en un cuerpo que se cura, regenera, alimenta y protege solo, sin que nosotros intervinamos desde el exterior únicamente para alimentarnos, expulsar desechos y utilizar el propio cuerpo. Nuestras células saben diferenciar el "yo" del "otro" gracias a esa imagen nos mantenemos vivos, y necesitan realizar ciertos procesos para mantenerse y convertirse en nuevas cosas, uno de ellos es la apoptosis, un suicidio programado.

Y es que la vida necesita de la muerte para ser lo que es. En estos momentos miles de células de tu cuerpo acaban de suicidarse, de hecho, alguna que se ha vuelto cancerosa habrá sido destruida por tus células asesinas T o NK. La muerte está siempre presente allá donde estés, observando, claro no podemos verla porque no es como tal un tipo de figura, pero de alguna forma nuestro cuerpo sabe que está ahí.

 Por tanto,  la muerte está para evitarnos una tortura, ya que cuanto más se copian las copias de las copias de nuestras células, menos información intacta queda, y con el tiempo esta se degrada, y puede dar paso a vivir en un cuerpo torturado por él mismo y sus copias, por eso hay que morir.

El pasado día recogimos un primilla, un primilla bastante tocado, el cuál no tenía mucha pinta de sobrevivir pero aun había esperanza. 

No hizo falta abrir la caja a la mañana siguiente para ver su cuerpo y cerciorarme de que lo peor le había pasado, porque sólo el silencio de esa mañana lo delataba. No crujía ni un mueble, no se oía nada en el pasillo y ni tan si quiera mis pájaros cantaban, todo estaba en silencio, como si tuviesen miedo de delatarse, como si todo quisiera esconderse, de algo que no podemos ver pero intuimos. Efectivamente el animal había fallecido.

La muerte ha estado en mi casa en varias ocasiones, no muy a menudo por suerte, no es que mi casa sea un templo religioso ni nada por el estilo, simplemente hemos conseguido mantenerla a raya. Pero cuando llega, ya desde la noche de antes se nota en el ambiente el silencio sepulcral que dejará durante la misma y parte de la mañana. La muerte no es un precio a pagar por estar vivos, sino una forma de que la consciencia, que va mucho más rápido que tu cuerpo, lo abandona para evitar que se pierda en una prisión cárnica que ya no funciona como debería.

Muchas de mis aves rescatadas han salido adelante exitosamente, aplazando su fecha de entrega a la parca, pero otras no lo consiguen, adelantándola. Es el precio a pagar de aquellos que nos dedicamos a esto, ves pasar muchas generaciones de animales, y en ocasiones alguno se queda atrás. La parca no es mi enemiga, pero tampoco mi amiga, aunque agradezco lo que hace.

Por que sino, ¿Qué quedaría de nosotros si fuésemos inmortales? Una prisión cárnica, destruida ya por la edad y la falta de genes , en la que se encierra algo más grande que no puede escapar. Porque tú cuerpo solo es un traductor de algo maravilloso que lo necesita para estar aquí, para estar vivos.


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